18.4.18

esta historia u otra cualquiera

Nos imaginé en la cocina que ahora compartes con otra y nos imaginé al calor de una hoguera. Me imaginé llorando por una canción absurda y te imaginé preguntándome que qué me pasa, con cara de no entender nada. Tú nunca me has entendido. Imaginé que me llamabas y que no había lunes por la mañana, solo domingo por la tarde y, a veces, sábado por la noche. Imaginé que no habría que cambiar más horas ni encontrar más rincones oscuros ni justificar lo injustificable ni añadirle ningún otro "pero" a la historia. Imaginé días diferentes a los que había vivido y ninguna promesa, pero algunas ganas de perderse en sitios, algunas ganas de beber cerveza, algún juego -como los de antes- y alguna palabra más dicha a deshora. Imaginé tu nombre en mil sitios.
No imaginas lo que dolió saber
que nadie contaría esta historia.


28.3.18

una historia de fantasmas

Quiero un lugar caótico donde volcar mis intestinos, un lugar en el que poder permanecer. Ajarse y deshacerse y juntar en montones ordenados todo lo que me conforma. Canciones, fotografías, caídas, desventuras. Necesito pensar que los días no pasan tan rápidos y necesito pensar que no son tan repetitivos. Tengo armas nuevas para librar viejas batallas. Hay personas que cuentan historias y yo tengo que escucharlas. Me siento obligada a dejar algo de mi misma en todo aquello que toco y que, cuando pase a otra persona, quede un eco mío, un fantasma. Tengo miedo a terminarme de repente, aún, a día de hoy. Hay cosas que nunca cambian. Hay nombres que no se olvidan y que no se borran nunca. Hay notas en los rincones; me las dejo yo a mi misma. Escribo "suerte" o "no te preocupes" o "todo irá bien" o "no tengas miedo". No siempre vuelvo para leerlas. Tengo el corazón hecho trizas y no tengo palabras para explicar cómo de maravilloso es eso. Un caleidoscopio. 


6.2.18

es aterrador

Estás esperando a alguien que te haga aullar a la luna y tener ganas de correr desnuda por el bosque. Alguien a quien poder jurarle que serás las venas si él es la sangre. Estás persiguiendo una quimera, un cuento, un sentimiento terrible de manada y unos ojos que miran detrás de ti lo que te rodea, por si fuera mal, por si fuera bien. Estás clavada en una esquina como un perro asustado y te preguntan cual es tu sitio, y por sitio te refieres a en el costado de quién se esconde tu casa. Es hacer funambulismo y preguntar cómo se llama la red de seguridad que está a tres metros por encima del suelo para que no te dejes la cara en la próxima hostia -que sabes que te darás, más temprano que tarde. 
Estás esperando a alguien a quien pertenecer, no como pertenecen las cosas -esa estúpida sensación de "mío"- sino como pertenece el mar a la playa y como pertenece la nieve al pico más alto de la montaña y como pertenece el amanecer a la línea del horizonte y como pertenecen las Perseidas a las noches de verano y como pertenece la coca cola al vino malo de tetrabrick, 0,61 céntimos el litro. 
Estás esperando a alguien que pronuncie tu nombre como si fuera el del viento solamente para echar a volar. Llevas mucho tiempo solo y tienes las rodillas reventadas y tienes las manos echas mierda y tienes los ojos hinchados y solo quieres dormir al calor de un fuego, un fuego con chispa, con alma y con nombre. 
Estás esperando como si te hubieras perdido y te hubieran arrancado del bosque y de los senderos, como si no fueras tú mismo, o como si más allá de la espesura hubiera un "tú mismo" capaz de ser más "tú" de lo que eres ahora. 
Un tú capaz de aprenderse el nombre de tu poeta favorito, aunque se la sude la poesía, el color de pintalabios que más te gusta y lo que piensas de todos esos imbéciles que no saben reírse de los números, ni delirar, ni entender el ciclo de tu parpadeo. 
Estás esperando. 
Y eso, por mucha literatura que le caiga encima, es aterrador. 

22.1.18

solo quería escribir un poema sobre follar

Quiero escribir un poema sobre follar
sin palabras bonitas
ni excesos de mierda.
Quiero escribir un poema sobre follar
y no sobre el amor
ni otras cosas que no tienen
por qué tener el mismo núcleo;
no estoy contando la misma historia.
Follar como recurso artístico,
follar como recurso emocional,
follar como recurso intelectual
(si me apuras).
No te quiero
pero qué ganas tengo
de correrme
una y otra vez
en tus manos, en tu boca, en tu polla.
Follar como expresión de vida,
como vago recuerdo
(mordisco, arañazo, gruñido, risa)
de las fieras que un día fuimos
antes de hacernos verbo
(humanizar: facultad de corromper,
de estropear,
de convertir en producto).
Quie
ro
fo
llar
te
y no tienes que buscar ninguna excusa
ahora
aquí
o cuando sea.
Sin una propuesta de desayuno.
Atender al cuerpo
bloquear la mente
y todos los oscuros remolinos
que a veces la conforman.
Me queman las entrañas
y la cura la emanan tu piel
y tus rincones más terribles
y ocultos.

15.1.18

el comienzo de los últimos días




La ciudad tiene un nombre, ¿pero cuanto importa realmente? Todas las ciudades grises guardan la misma esencia de hastío. La luna cae sobre ellas de la misma manera, pero eso tampoco importa: el cielo nocturno está vacío, es naranja. No hay ningún tipo de verdad en ese firmamento. 
Mirar por la ventana no es otra cosa que enfrentarse al monstruo que respira y se extiende: los latidos de las mesitas de noche que se encienden, las luces amarillentas de los lavabos, los neones parpadeantes -filo rojo, letra negra, ausencia no debida. Parece que su murmullo de derrape, vómito y llanto marca el segundero de un tiempo lejano. No funcionan los relojes mientras el fiero animal de cieno descansa. 
Estoy a 14 paradas de autobús de casa. Una hora y media a pie. No me importa a cuanto en coche, porque no lo tengo. Tengo que cruzar el río y creo que ni siquiera estoy en el mismo universo, no pertenezco a esta tierra. Como si no fuera la misma en la que he crecido: en la que he tirado la basura, en la que me he puesto hasta el culo de la mierda más dañina. En la que he querido y en la que he querido mal. Sobre todo mal. 
Soy una extraña. Soy el zorro asustado que sale del bosque y se esconde en la granja: a un lado los cazadores y a otro el perro que hace guardia. Me pregunto cuando habré firmado mi sentencia de muerte y qué estupidez estaba haciendo para no enterarme. 
No soy más que una mujer de arena esperando que la arrastre la brisa y esperando que la derribe el mar: así es justo como me siento. 
No lo sé, Joao, no sé si algún día te entregaré esta carta. No sé ni siquiera por qué tú deberías ser el destinatario de este cuento: no pienso que puedas salvarme. Creo que no pienso que puedas salvarme. 
Antes tenía unas ganas rabiosas de vivir. Antes ladraba, mordía, arañaba. Me quemaban las noches. Quería esnifármelas todas, inyectármelas en vena, bailar a su ritmo por muy frenético que fuera, por mucho que no entendiera de sus compases. Dios mío, Joao, qué lejos estaba la muerte entonces, ¿te acuerdas de eso?¿te acuerdas de cómo éramos cachorros de lobo, de cómo lo único limpio era nuestra risa y nuestro aullido?
¿Qué nos ocurrió?¿Es esto hacerse mayor? Estoy fumando un cigarrillo en la parada del autobús y me doy cuenta de que hace demasiado tiempo que todo me sabe a ceniza. Siento un collar sobre los hombros y no sé si es de perro o de reo. 
No sé si este es el comienzo de los últimos días o si es el principio de la mansedumbre. No sé si solo necesito dormir o si ya he perdido esta guerra, si nos han robado del todo esas ganas que nos quedaban, lo poco que podíamos decir que era nuestro. Nosotros, los niños soldado, tampoco sabíamos quienes éramos, pero nos dieron un fusil solo por haber nacido en la orilla equivocada del río. Joder, Joao, hemos visto más cosas de las que deberíamos haber visto, ¿somos supervivientes o acaso estamos ya muertos? 
No lo sé. Solamente tengo una sensación terrible, como de que va a ocurrir algo que no voy a poder controlar y que no va a ser necesariamente bueno, en absoluto. Me gustaría decírtelo, pero no puedo. No puedo ponerle palabras: tengo miedo de que ese sea el paso para que se cumpla la terrible profecía que me acecha. No puedo entregarte esta carta: tengo miedo de que ya no me entiendas. tengo miedo de que ahora entre nosotros haya más distancia de la debida. No sé si tengo derecho a pedirte que me salves el culo de nuevo, pero es que tampoco sé qué monstruo es el que me persigue. 
Lo seguiré intentando. 
Pero creo que esta vez eso no va a servir de nada. 





La tribu de los manchados 

intensa de mierda

Releo las cosas que escribo
y a veces pienso que soy
una intensa de mierda
y otras el dolor es
tan familiar
tan áspero
tan seco
que pienso que va a absorberme del todo.
Soy líquida
y en este desierto
no doy dos duros por mi misma.


Ilustración de Sanpedrosanchez para La m.o.d.a

12.1.18

mischievous spirits

Podéis conocer más el trabajo de Nim Forèst aquí
Todo nace de esta herida. todo brota, lo malo y también lo bueno. caen de ella las palabras, una tras otra, una tras otra. es terrible el dolor, es terrible la nausea, y me pregunto qué es lo que le estoy dejando al mundo más allá de esta tristeza. hay oscuras criaturas escondidas en mis abismos y emiten una luz que parpadea. las hay grandes y aterradoras, las hay pequeñas y llenas de veneno. a veces se escapan en forma de lágrimas, a veces se escapan en forma de letras.
Tengo tanta alma que creo que se desborda y que desdibuja mis confines. Tú nunca lo entenderías. Me pregunto quién soy y, sobre todo, me pregunto quién soy sin ti. Qué sentido tiene mi nombre si no vas a pronunciarlo. 
Deberías arder. Creo que no hay infierno suficiente para quemarte. Ni toda la sal del mundo podría contigo. Eres esa sonrisa llena de veneno. Eres, en la terrible oscuridad, un señuelo luminoso. Parece que guías, que fluyes, que salvas. 
Después aparecen los dientes. 

2.1.18

me da igual el "cómo"

No es el cómo, sino el cuando. El cómo dejó de importar hace mucho. Hace más horas de las debidas que el silencio araña los muros de mi misma; soy un faro que se tambalea. Hablo pero mi voz no suena; no veo la manera. Te has tatuado en mis entrañas con tinta y con sangre y no habrá manera de borrarte. El veneno corriendo por mis venas, yo preguntándome cómo conseguí ser tan estúpida, cómo me esforcé por ponerme un collar que llevaba tu nombre. El demonio que guardo dentro busca el cielo y no lo alcanza.
No me importa el cómo: ya me he dado por vencida. Ya sé lo que es sufrir tu mirada y ya sé lo que es encontrarse una y otra vez con una pesadilla del verde intenso, la caída de las pestañas. Me tienes como me quieres: mal, tarde, atropellada, consumiéndome en los rincones de mi misma. Me convertiré en tierra quemada una vez te marches e incluso cuando no estés tu aliento seguirá acariciándome. No hay forma de escapar.
No importa el cómo. Cuando se propaga el incendio no importa de donde viene el agua que lo ahoga. Rezas por la lluvia, rezas por la tierra, rezas por el verde, por la ola. No habrá más mañana ni habrá más espera, ni más estrategia: cuando estás al borde de la muerte solo importa el tiempo.
Me da igual cómo lo haga: me da igual cómo me escape, cómo me blinde, cómo me saque los ojos para no verte, cómo vuelva ácida mi piel para que no me toques.
Ya no importa el cómo; hace mucho que no lo hace.
Ya solo espero un cuándo desesperado.
Pero no sé si llegará a tiempo.

Julia Razumova


1.1.18

Partirse por la mitad, partir de decir adiós

No sé si es partir(se) por la mitad o partir de decir adiós, pero creo que Lucía Baskaran habla de las dos cosas en su libro. Y creo que todos deberíamos saber algo más de las dos cosas. Uno tiene 17 años y se rompe en el momento menos esperado, justo cuando nunca ha pasado nada para que lo haga. Uno dice adiós todo el rato, a veces sin siquiera darse cuenta. A veces, incluso, uno sabe que dice adiós, pero no es capaz de entender qué quiere decir ese adiós, qué significa y luego es tarde. Siempre se hace tarde para lo verdaderamente importante. 
En cualquiera de los casos, yo fui joven y yo la cagué. Ahora no soy tan joven pero la sigo cagando y es que cagarla debe ser una de las cosas que nos define como especie (bípedo, pulgar oponible, habilidad para generar mierda en cualquier situación). Victoria es joven y la vaga y no es tan joven y la caga, y tú te apenas porque piensas que la habrías cagado igual estando en su situación. De la misma manera inesperada, como impresa en nuestro código genético, pidiendo a gritos otra oportunidad para hacerlo todavía peor.
Creo que hay un "todavía peor" implícito en la vida, en general, y que de ese "todavía peor" salen las cosas mejores, aunque solo sea por comparar los días malos y los días buenos. La caída es abrupta, pro las vistas son el doble de bonitas.
Partir no va de cosas malas, partir va de vivir y de no saber vivir e ir aprendiendo a hacerlo. Va de alejarse de la terrible hipocresía de pareja-casa-trabajo que nos encierra y que nos hace polvo o que simplemente no es suficiente. Partir no termina con un punto y final, sino con un punto y a parte, párrafo nuevo. Como todo en realidad. Nada es tan fácil como para caber en 208 páginas.
Partir es un buen libro que me ha recordado a Beatriz y los cuerpos celestes y un poco al Guardián entre el centeno.
Partir es una mirada desafiante a esa belleza forzada que queremos otorgarle a la adolescencia, pero que tiene un sentido muy diferente: el de los primeros vestidos, la primera lencería, el primer corte de pelo, la primera decepción, el primer tequila de más y el primer amor de menos.
Partir es una declaración de intenciones por parte de una escritora joven que -estoy segura- tiene mucho que dar a la literatura.
Partir es el comienzo de un viaje de ida. Y ya está.







29.12.17

Océano

Hay algo más fuerte que la muerte el día siguiente, el día siguiente Estoy a 400.000km de mí, pero acercándome Nacemos, y al nacer, de alguna forma somos libres un instante Como una brisa tibia en una noche de verano Y al día siguiente ya es diciembre, pero aprendes el privilegio que es tener para comer También se aprende de la culpa por vivir mientras otros casi no pueden Pero, ¿cómo calmar a la conciencia una vez que adquieres consciencia de que la vida no es lo que veías en películas? La vida no es lo que veías en películas Si no moliese cada hueso para echárselo a los versos que me dejo No podría hacerlo más; no debería hacerlo más ¿Sabes? Podéis elevar vuestra voz de anuncio si os deja la laringe La música no es un juguete, Igual que el lobo nunca trabajará para el circo Así que bien, hoy disfrutad de la luz en el espejo Que no es más que el reflejo del brillo de otros Cuando os canséis y lo tiréis, presos de lo próximo, cautivos de lo nuevo: ¡Vuestro último grito será el más sincero! ¡Vuestro último grito será mi primero!








(si no os sacude por dentro

yo no sé ya...)