me puse de coca hasta el corazón

Me puse de coca hasta el corazón para olvidarme de lo mucho que dolía. No quiero decir que esta sea la solución de todos los males, pero qué le voy a hacer, quería sentirme viva aunque fuera solo un par de horas. Quería reír aunque fuera de mentira y yo quería creerme que me reía porque podía ser feliz después de que me destrozaras. Quería respirar y sentir que el aire no se me salía de los pulmones y quería pensar que todo iba bien, aunque fuera solo un rato. 

Me puse de coca hasta las entrañas porque no soportaba mirar la tristeza en los ojos de mi reflejo. Había música y había cuerpos que se movían y voces que no me decían nada. Estaba en mitad de un desierto y yo me bebía un oasis, pero no era suficiente. Nada era suficiente entonces y yo amaba mucho la vida y odiaba mucho tu recuerdo, que no me asaltó ni una vez. 

Me puse de coca hasta el corazón y solo cambié de cadenas, agotada de llorarte e incapaz de dejar de hacerlo. Te eché de menos con esa rabia que quema a la que nadie puede ponerle palabras y pensé en esos poetas tristes que tenían razón cuando decían que de una historia de amor uno nunca sale entero. 

Me puse de coca hasta el corazón y me escocían las cicatrices, pero no dije nada. Lloré en silencio igual que, en silencio, te quise durante más tiempo del que merecías. Se la chupé a chicos que no tenían nombre. Busqué en otras bocas nombres que llenaran mi alma más que el tuyo y vomité todo el veneno y todo el vodka que había bebido. Me tocaron manos sin rostro. Lloré en los baños de los bares después de haberme corrido. 

Un día no me quedó coca que meterme y descubrí que tú ya no eras mis cadenas. Que hacía mucho que no te mencionaba y que hacía mucho que no me mencionaba a mi misma. Sin embargo, la tristeza del reflejo era la misma. 

El amor no es una droga tan dura.