Todo lo que me provocas parte del estómago. Ese es el rincón donde se desatan las oscuras pasiones, de donde vienen los impulsos que deben ser saciados. El corazón entiende de poesía y el cerebro entiende de matemáticas, pero todo lo visceral, todo lo animal, parte de las tripas que se retuercen como serpientes negras. He tardado en comprender que todo lo que nos atañe es eso, mero impulso, mero instinto, como si tu piel y mi piel se comprendieran mejor que tus palabras y mis palabras. Y que es abrasador y es doloroso porque nadie, absolutamente nadie, está dispuesto a ver arder el mundo. Bueno, yo sí lo estaría. Pero tú no. Ese es el problema. Que te sigo esperando. Que sigo llamándolo corazón. Que me sigue doliendo como si así lo fuera.